
El Doctor
Harold Irvin Brousious nació en el Estado de Minessota localizado en el Centro Norte de los Estados Unidos de Norte América, el cual limita al Norte con Canadá y al Este con el Lago Superior, con una extensión de 218,600 kilómetros cuadrados; su territorio tiene llanuras accidentadas por lagos, el Río Missisipi y sus afluentes, posee un clima continental, sus explotaciones son forestales y la minería con grandes yacimientos de hierro y manganeso. En este Estado transcurrió su niñez junto a sus padres y más cercanos familiares, desde muy temprana edad demostró su inquietud hacia la educación y en sus ratos libres cuando regresaba de la escuela se le veía jugar en el patio de su casa o en el interior de esta, dándole clases a sus muñecos con los cuales jugaba y a quienes sentaba en bancos que él construía, los colocaba unos tras otro y les impartía sus lecciones colocándose al frente de ellos como si fuera un verdadero maestro.
En su Estado natal recibe el título de Ingeniero en Geología, para convertirse varios años después de intenso estudio y de investigaciones en Doctor en Geología, y es que el Doctor Brousious era un verdadero educador lo había heredado de sus padres quienes en su niñez fueron sus auténticos maestros y guías a la vez, ellos lo condujeron por el sendero de su amor hacia el prójimo, tal vez haya sido su educación religiosa que recibió en el seno de aquella familia descendientes de anglosajones, los que profesaban el evangelio quien formaron su carácter de bondad. El fue educado en la doctrina de Jesucristo y de sus cuatro apóstoles Mateo, Marcos, Lucas, y Juan, siendo niño acompañaba a la iglesia a sus padres y demás familiares los domingos por la mañana para escuchar al pastor que leía el santo evangelio y que él ponía atención a las palabras vertidas por aquel guía espiritual, sus sermones resonaban en las paredes de la iglesia como si los mismos apóstoles le estuvieran hablando.
El Doctor
Harold Irvin Brousious antes de emprender su viaje a Honduras, trabajó con varias compañías mineras de su país, inclusive en el lejano Estado de Alaska; pero un día encontrándose en Minessota recibió la invitación de su amigo ingles señor Jack Lawrence para trabajar con una compañía minera en
Honduras y es así como este intrépido norteamericano se traslado hacia este país centroamericano, habiendo desembarcado en Puerto Cortés un 13 de Octubre del año 1910, para luego internarse por el interior y conocer las bellezas naturales y las riquezas que en sus entrañas escondía esta naciente República poco conocida por los extranjeros que le visitaban. Pero lo que más le gustó en su travesía por los pueblos que pasaba fue la manera amable y la hospitalidad de su gente a pesar de lo convulsionante que estaba el país.
El Doctor Brousious llegó a
Honduras con el propósito de buscar yacimientos de metales preciosos entre ellos el más codiciado el oro, para lo cual busca los primeros contactos con personas versadas sobre la existencia de minas que pudieran explotarse, no tardo en tener las primeras noticias que en un lugar a unas cuantas leguas de la capital, existían yacimientos de oro y que éste, se encontraba a flor de tierra en las montañas cercanas al
Municipio Minas de Oro en el departamento de Comayagua, cuyo nombre le despertó su curiosidad y una inquietud extraña por conocerlo y hasta allí se trasladó hacia este pintoresco lugar que entre montañas y colinas había sido fundado por pobladores que se dedicaban a las actividades agropecuarias y comerciales, y que en sus ratos de esparcimiento las personas de mayor edad acudían por las tardes a la pequeña plaza o el parque de la comunidad Laboriosa y apacible a las tertulias pueblerinas; en donde se narraban las mas variadas anécdotas que en tiempos atrás habían sucedido o a escudriñar la política vernácula que se originaba en la capital de la República a través de los bandos políticos existentes y que se disputaban la hegemonía por gobernar al país como si se tratara de administrar una hacienda cualquiera .
Cuando arribó a
Minas de Oro quedó impresionado de tanta belleza natural y de la hospitalidad que le prodigaron sus habitantes en especial el señor Alcalde Municipal del cual se hizo su mejor amigo y de otras familias muy importantes del lugar, y decide instalarse no muy lejos de esta comunidad, en el lugar conocido como
El Malcotal, allí construye su casa para dedicarse por completo a la búsqueda de las codiciadas minas, que los vecinos y extraños le habían comunicado que todas esas montañas circunvecinas guardaban a flor de tierra y en su interior cantidades de oro incalculables.
Por las tardes cuando el
Doctor Brousious regresaba de las montañas después de sus arduas faenas, se incorporaba en su pequeña cabaña y por las noches cuando se aprestaba a preparar y a tomar sus alimentos, veía que a su alrededor por las ventanas y las puertas se aglomeraban muchos niños a curiosear él, los invitaba a que pasaran adelante a compartir lo que había preparado. Así transcurrió el tiempo entre el trabajo arduo en las montañas y la espera ansiosa de los numerosos niños que acudían a la pequeña cabaña del amigo para prodigarle el cariño y afecto que tenían hacia él. Luego comprendió que lo mejor era abandonar la búsqueda de oro como buscador de oro y procedió a fundar lo que más tarde se conocería como la escuela de agricultura de El Malcotal de Minas de Oro, para educar a centenares de jóvenes no solamente de la comunidad y alrededores, sino a los que acudian que acudían de diversas regiones de Honduras y de países centroamericanos, para recibir las enseñanzas que la escuela de El Malcotal proporcionaba a través del estudio y del trabajo practico en la recién fundada institución educativa.
Con sus dotes de maestro y con sus profundos conocimientos en matemáticas, química, física, medicina y amante de la música, el
Doctor Brousious amplía sus instalaciones, en la casa central vivía él y en ella funcionaba la Dirección de tan renombrada escuela.
Cada edificio estaba equipado de una cocina y un comedor en la parte superior se encontraban los dormitorios para los alumnos. Estos se dividían en dos categorías los pensionados que pagaban por sus estudios y el derecho de alojamiento y comida, y los becados que con su trabajo sufragaban dichos gastos estos eran el alma y el sostén de la escuela de El Malcotal, ellos preparaban los alimentos, hendían la leña que luego acarreaban en carretas o en mulas, labraban la tierra y la cultivaban cosechando las más diversas hortalizas, maíz, frijoles y cacahuates que los alumnos cosechaban con entusiasmo en sus horas de trabajo. Para las fiestas el Dr. Brousious preparaba una rica y deliciosa miel que luego rociaba a los cacahuates recién tostados, los cuales repartía entre sus alumnos; también envasaba las deliciosas mieles con cacahuates y dulces que preparaba para ser enviados para la venta en Tegucigalpa, por el único transporte rápido que era el avión y que llegaba a San Luis dos veces por semana, transportando la correspondencia, las especies fiscales y la mercadería para los almacenes de
Minas de Oro. Además los estudiantes que pagaban sus estudios con su trabajo cuidaban el ganado, lo ordeñaban y los pastoreaban por los verdes zacatales que crecían debajo de los encinos, pinos, abetos y liquidámbares, asimismo sus jornadas de trabajo eran desde muy tempranas horas de la mañana en las diferentes actividades como la limpieza de las porquerizas y de las granjas avícolas, los cerdos y el ganado vacuno habían sido traídos desde los Estados Unidos de Norte América vía Puerto Cortés; cada alumno sabia las labores que realizaría durante el día, hasta las horas que le tocaba el estudio por las tardes; mientras que los alumnos pensionados el horario de trabajo en las labores de campo asignado por el Doctor Brousious eran de seis hasta las ocho de la mañana para luego ir al comedor y posteriormente continuar con sus estudios teóricos que recibían en las aulas las diferentes materias que se impartían en el idioma ingles, aunque habían clases de castellano para no olvidar la lengua materna.
Para los principiantes el método del
Doctor Brousious consistía en que cada alumno debería aprender a escribir, deletrear y pronunciar correctamente veinte palabras diarias en ingles y luego como tarea debían conocer su significado y saberlas muy bien al día siguiente. Cuando ya contaban con una cantidad de palabras aprendidas los alumnos comenzaban con ellas a formar oraciones y luego a practicar el ingles que en poco tiempo hablaban y que algunos alumnos llegaron a dominar la lengua materna de Shakespeare.
Por las noches los alumnos se dedicaban a repasar sus lecciones de las clases anteriores, quienes acudían a la biblioteca y esta parecía un enjambre de abejas y de luciérnagas que apegados a sus cuadernos y libros escudriñaban por doquier las ciencias matemáticas del francés
Evaristo Galois o estudiando la tabla de clasificación periódica de los elementos químicos creada por el químico ruso
Dimitri Ivanovich Mendeliev, o se dedicaban al estudio de la regionalización de las plantas que benefician a la humanidad en ocho centros de origen en el mundo creadas por el botánico
Nicolai Babilov. Ellos que eran verdaderos labradores, que aprendían con la práctica y el estudio para sacarle a la madre naturaleza todo su emporio cuando regaban en los surcos las simientes en la tierra que esta devolvería con abundantes cosechas de maíz, frijoles, hortalizas y diversos tubérculos que allí cultivaban.
Los estudios por las noches se prolongaban hasta las diez, hora que era señalada por el toque de la campana anunciando el momento para aprestarse a dormir, descansar y de elevar una plegaria al Divino Creador del universo ya que así se los había enseñado este noble maestro. Por la Escuela de Agricultura de
El Malcotal de Minas de Oro pasaron varios centenares de muchachos que con el tiempo se convirtieron unos en profesionales y otros en verdaderos ciudadanos honrados, disciplinados con amor hacia el trabajo que les ha tocado desempeñar gracias al esfuerzo y al gran trabajo desarrollado por este magnifico norteamericano mentor y amigo que supo moldear a través del estudio y del trabajo práctico cotidiano el carácter de sus alumnos con su gran sabiduría y humildad a una Pléyada de hombres del área rural y urbana de nuestro país y de Centro América, a las que llamaremos en honor a su memoria
los hijos del Doctor Harold Irvin Brousious.
Por Andrónico Espinal Oliva
SETEDER